domingo, 22 de junio de 2014

EL PRÓXIMO MARTES









**************************************************************************************


Podría, sin temor a equivocarme, poner en hora el reloj con este loco. Todos los martes llega puntualmente  a las cinco de la tarde. Jugaría mi sillón de cuero a que, si se presenta unos segundos antes de tiempo, aguanta en la puerta tamborilleando los dedos contra el mármol de la entrada, antes de pulsar el timbre.

 -Buenastardesdoctora- saluda lacónico y con la mirada por encima de mi hombro. Nunca me mira. Pasa y, así como está, sin sacarse la campera eterna, se acuesta sobre el diván, no sin antes poner un pañuelo limpio en donde apoyará la cabeza. Fija la vista en ese ángulo del techo, en el que  vive mi araña, y retoma su perorata.

Ya sé qué me va a decir y qué le voy a contestar. Por eso he dejado de preocuparme por sus problemas. He aceptado que no tienen solución. Él no admite sugerencias sobre sutiles cambios y se atiene con  rigor matemático a  esquemas aprendidos hace mucho. En tanto la obra social me pague cada tres meses las consultas, no pondré objeciones a que mantengamos esta rutina.

Mientras hago que escucho, en una hoja celeste, dibujo círculos concéntricos que empiezan en un punto  y cubos transparentes que van formando  un muro que pronto tapiza el papel.

- Ahá –afirmo sin énfasis a las cinco y media.

En los bordes de mi obra de arte, agrego flores de centro redondo y cinco pétalos. Uno  las flores con tallos entrelazados y mecho en la guarda vegetal  alguna que otra hoja lanceolada.

- ¿Qué le parece a Ud,  qué puede significar? – lo interrumpo a las seis menos veinte para que compruebe que estoy viva. Desde mi sillón sólo veo su cabeza calva y reprimo los deseos de tomar el pisapapeles de piedra y estrellarlo contra esa superficie curva que refleja vagamente la luz que entra por la ventana. “Hoy no”, me digo,” tal vez el próximo martes”.

- Porhoydejamosacáhastalasemanaqueviene – lo despido a las cinco y cincuenta.

Todavía me quedan diez minutos para pasar el Lysoform* por los picaportes y el diván, romper  el dibujo en ocho pedazos y tirarlo al cesto, disponer  una  hoja limpia y celeste  en el anotador, hacerme un té de tilo en mi taza china y recibir a la loca de las seis.




*Lysoform: desinfectante de uso doméstico y perfume agradable.










No hay comentarios: