lunes, 15 de diciembre de 2014

PENDIENTES IMPOSTERGABLES








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Nunca me resultó agradable la idea de morir. Un poco por los que dejaría acá, solitos y otro poco porque no me cierran ni cielo ni el infierno. El primero se me antoja aburrido, silencioso y blanco, idea germinada merced al abono meticuloso de colegios católicos pletóricos de seres alados y túnicas etéreas; mientras que el segundo me resulta “rojamente” increíble y patético. En otras palabras, ninguno me acicatea para  morirme. No despiertan en mí curiosidad alguna.

Debo reconocer que siempre fueron más atractivas las creencias egipcias o indígenas sobre este asunto. Pero como no soy ni egipcia ni india no me corresponden tales credos… una pena.

Así que resolví posponer mi última hora lo máximo posible y por decir un número al azar elegí vivir ciento veinte años. O mejor, ciento veintiuno,  que es capicúa. Con la salvedad de que como odio la decrepitud prometo firmemente estar siempre espléndida y lucir, en ese momento, a lo sumo,  de sesenta.

No es por capricho, tengo una larga lista de pendientes:

*Aprender piano y, de memoria, las vueltas de tu oreja.
*Cantar y bailar como Maddona y descubrir qué beso se acomoda mejor en tu boca preciosa.
*Recorrer  el pueblo italiano de mis antepasados y precisar cuál es la mejor manera de despertarte.
*Conocer los secretos de las plantas y anticipar, por la expresión de tu cara, el momento exacto de tu placer.
*Reconocer a todos los impresionistas y hacer un mapa con tu ruta de masajes.
*Leer todos los clásicos y escribir la carta que te mate de amor.
*Cocinar algo decente y presentir tu llegada por el sutil rumor de las campanas de viento.
*Ver salir la luna del agua salada y, que esta vez, estés conmigo.
*Hablar francés e italiano y susurrarte al oído una  palabra que te encienda.
*Cargar entre mis brazos un cachorro de tigre y conciliar el sueño abrazada a vos.
*Entender por fin qué demonios es un orsay e inventarte un juego nuevo cada día.
*Develar el secreto corazón de la computadora y que sea tu latido el que marque la cadencia del mío.
*Definir cual es el perfume que más me gusta y decidir que, sin dudas, es el que brota de tu piel.

Se me acabarán las palabras antes que la lista porque cada día hay algo nuevo que califico  de imprescindible e imperioso. Pero te quedará más que claro que a cada pendiente  impostergable se amarra con firmeza tu presencia como la hiedra obcecada a una pared. Y me animo a prometer que mientras eso ocurra, no moriré.




Enviado a PN el 15 de junio de 2007. Consigna 71. El último día. Menos de 400.




5 comentarios:

Alejandro Luque dijo...

Qué lindo! :)

Pedro Nicolino dijo...

Hermoso!!

Rosario Collico dijo...

Gracias por leer a ambos y a vos Ale nunca terminaré de agradecerte por convocarme a Perras Negras, te acordás que te decía: "Nunca voy a poder escribir 200 palabras" Menos mal que insististe.

Jhon Barcasnegras dijo...

Es perfecto Ro.

Rosario Collico dijo...

Gracias Jhon, estás siendo demasiado generoso. Un abrazo